martes, 4 de noviembre de 2008

Balada de la placeta

Cantan los niños

En la noche quieta:

¡Arroyo claro,

Fuente serena!


LOS NIÑOS


¿Qué tiene tu divino

Corazón en fiesta?


YO


Un doblar de campanas,

Perdidas en la niebla.


LOS NIÑOS


Ya nos dejas cantando

En la plazuela.

¡Arroyo claro,

Fuente serena!


¿Qué tienes en tus manos

De primavera?


YO


Una rosa de sangre

Y una azucena.


LOS NIÑOS


Mójalas en el agua

De la canción añeja.

¡Arroyo claro,

Fuente serena!


¿Qué sientes en tu boca

Roja y sedienta?


YO


El sabor de los huesos

De mi gran calavera.


LOS NIÑOS


Bebe el agua tranquila

De la canción añeja.

¡Arroyo claro,

Fuente serena!


¿Por qué te vas tan lejos

De la plazuela?


YO


¡Voy en busca de magos

Y de princesas!


LOS NIÑOS


¿Quién te enseñó el camino

De los poetas?


YO


La fuente y el arroyo

De la canción añeja.


LOS NIÑOS


¿Te vas lejos, muy lejos

Del mar y de la tierra?


YO


Se ha llenado de luces

Mi corazón de seda,

De campanas perdidas,

De lirios y de abejas,

Y yo me iré muy lejos,

Más allá de esas sierras,

Más allá de los mares

Cerca de las estrellas,

Para pedirle a Cristo

Señor que me devuelva

Mi alma antigua de niño,

Madura de leyendas,

Con el gorro de plumas

Y el sable de madera.


LOS NIÑOS


Ya nos dejas cantando

En la plazuela.

¡Arroyo claro,

Fuente serena!


Las pupilas enormes

De las frondas resecas,

Heridas por el viento,

Lloran las hojas muertas.

Las morillas de Jaén

Tres moricas me enamoran

en Jaén:

Axa y Fátima y Marién.


Tres moricas tan garridas

iban a coger olivas,

y hallábanlas cogidas

en Jaén:

Axa y Fátima y Marién.


Y hallábanlas cogidas

y tornaban desmaídas

y las colores perdidas

en Jaén:

Axa y Fátima y Marién.


Tres moricas tan lozanas

iban a coger manzanas

y hallábanlas tomadas

en Jaén:

Axa y Fátima y Marién.


Díjeles: ¿Quién sois, señoras,

de mi vida robadoras?

Cristianas que éramos moras

en Jaén:

Axa y Fátima y Marién.

Romance de la pena negra

Las piquetas de los gallos

cavan buscando la aurora,

cuando por el monte oscuro

baja Soledad Montoya.

Cobre amarillo, su carne,

huele a caballo y a sombra.

Yunques ahumados sus pechos,

gimen canciones redondas.

Soledad, ¿por quién preguntas

sin compaña y a estas horas?

Pregunte por quien pregunte,

dime: ¿a ti qué se te importa?

Vengo a buscar lo que busco,

mi alegría y mi persona.

Soledad de mis pesares,

caballo que se desboca,

al fin encuentra la mar

y se lo tragan las olas.

No me recuerdes el mar,

que la pena negra, brota

en las tierras de aceituna

bajo el rumor de las hojas.

¡Soledad, qué pena tienes!

¡Qué pena tan lastimosa!

Lloras zumo de limón

agrio de espera y de boca.

¡Qué pena tan grande! Corro

mi casa como una loca,

mis dos trenzas por el suelo,

de la cocina a la alcoba.

¡Qué pena! Me estoy poniendo

de azabache carne y ropa.

¡Ay, mis camisas de hilo!

¡Ay, mis muslos de amapola!

Soledad: lava tu cuerpo

con agua de las alondras,

y deja tu corazón

en paz, Soledad Montoya.


*


Por abajo canta el río:

volante de cielo y hojas.

Con flores de calabaza,

la nueva luz se corona.

¡Oh pena de los gitanos!

Pena limpia y siempre sola.

¡Oh pena de cauce oculto

y madrugada remota!

Canción de jinete

En la luna negra

de los bandoleros,

cantan las espuelas.


Caballito negro.

¿Dónde llevas tu jinete muerto?


...Las duras espuelas

del bandido inmóvil

que perdió las riendas.


Caballito frío.

¡Qué perfume de flor de cuchillo!


En la luna negra,

sangraba el costado

de Sierra Morena.


Caballito negro.

¿Dónde llevas tu jinete muerto?


La noche espolea

sus negros ijares

clavándose estrellas.


Caballito frío.

¡Qué perfume de flor de cuchillo!


En la luna negra,

¡un grito! y el cuerno

largo de la hoguera.


Caballito negro.

¿Dónde llevas tu jinete muerto?

Romance Histórico I. Martirio de Santa Olalla

Por la calle brinca y corre

caballo de larga cola,

mientras juegan o dormitan

viejos soldados de Roma.

Medio monte de Minervas

abre sus brazos sin hojas.

Agua en vilo redoraba

las aristas de las rocas.

Noche de torsos yacentes

y estrellas de nariz rota

aguarda grietas del alba

para derrumbarse toda.

De cuando en cuando sonaban

blasfemias de cresta roja.

Al gemir, la santa niña

quiebra el cristal de las copas.

La rueda afila cuchillos

y garfios de aguda comba.

Brama el toro de los yunques,

y Mérida se corona

de nardos casi despiertos

y tallos de zarzamora.


II


EL MARTIRIO


Flora desnuda se sube

por escalerillas de agua.

El Cónsul pide bandeja

para los senos de Olalla.

Un chorro de venas verdes

le brota de la garganta.

Su sexo tiembla enredado

como un pájaro en las zarzas.

Por el suelo, ya sin norma,

brincan sus manos cortadas

que aún pueden cruzarse en tenue

oración decapitada.

Por los rojos agujeros

donde sus pechos estaban

se ven cielos diminutos

y arroyos de leche blanca.

Mil arbolillos de sangre

le cubren toda la espalda

y oponen húmedos troncos

al bisturí de las llamas.

Centuriones amarillos

de carne gris, desvelada,

llegan al cielo sonando

sus armaduras de plata.

Y mientras vibra confusa

pasión de crines y espadas,

el Cónsul porta en bandeja

senos ahumados de Olalla.


III


INFIERNO Y GLORIA


Nieve ondulada reposa.

Olalla pende del árbol.

Su desnudo de carbón

tizna los aires helados.

Noche tirante reluce.

Olalla muerta en el árbol.

Tinteros de las ciudades

vuelcan la tinta despacio.

Negros maniquíes de sastre

cubren la nieve del campo

en largas filas que gimen

su silencio mutilado.

Nieve partida comienza.

Olalla blanca en el árbol.

Escuadras de níquel juntan

los picos en su costado.


*


Una Custodia reluce

sobre los cielos quemados

entre gargantas de arroyo

y ruiseñores en ramos.

¡Saltan vidrios de colores!

Olalla blanca en lo blanco.

Ángeles y serafines

dicen: Santo, Santo, Santo.